La IA podría estar calentando el planeta de formas que rara vez medimos
13:50, 13.08.2026
Cuando se piensa en la IA y el cambio climático, lo primero que suele venir a la mente son los centros de datos. Sus servidores consumen enormes cantidades de electricidad. Sin embargo, los investigadores sugieren que esto es solo una parte de la historia.
La IA se ha convertido en una herramienta importante para las empresas petroleras y de gas. Puede ayudarles a localizar nuevas reservas, planificar las perforaciones de forma más eficiente y extraer más combustible de los yacimientos existentes. Las principales empresas tecnológicas cuentan incluso con equipos dedicados específicamente al sector de los combustibles fósiles.
Esto significa que la IA puede influir en las emisiones mucho después de que los servidores hayan terminado de procesar sus cálculos.
La energía limpia necesitaría un impulso mucho mayor de la IA
Los investigadores analizaron 64 escenarios que mostraban cómo la IA podría mejorar la productividad en los sectores de los combustibles fósiles, las energías renovables y otras áreas del sector energético.
Los resultados fueron sorprendentes. Cuando la IA mejoró la producción de combustibles fósiles y de energías renovables en cantidades similares, las emisiones globales siguieron aumentando. Las energías renovables necesitarían entre cuatro y cinco veces más ganancias de productividad impulsadas por la IA para compensar las emisiones adicionales vinculadas a la producción de combustibles fósiles.
Los investigadores descubrieron que las emisiones solo disminuían en los escenarios en los que las empresas tecnológicas dejaban de apoyar por completo la extracción de combustibles fósiles.
Cómo las decisiones energéticas de la IA podrían afectarnos a todos
El estudio utiliza modelos económicos, por lo que sus resultados son estimaciones y no mediciones del impacto climático real de la IA. Aun así, la magnitud merece atención. En algunos escenarios, las emisiones indirectas vinculadas a la IA podrían ser varias veces mayores que las emisiones generadas por los propios centros de datos.
No se debe juzgar la huella medioambiental de la IA únicamente por la cantidad de electricidad que consume un modelo. También hay que tener en cuenta lo que esa tecnología ayuda a las empresas a producir. La IA puede impulsar las energías limpias, pero también puede, con la misma facilidad, hacer que la extracción de combustibles fósiles resulte más barata y rentable.
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